Consejos hay muchos. Los primeros los tomamos de manera adecuada a la situación, el segundo simplemente lo analizamos vagamente, pero el último es el más especial de todos, pues simplemente escuchamos pero nunca hacemos caso.
El hombre es un ser sumamente irracional, el animal escondido en cada pedazo de emociones narra cual cuento dramático cada parte importante a la cual el mismo pertenece, muchas veces por el mismo hecho de ser irracionales y furiosamente necios buscamos el sufrimiento cual astromelia espera la primavera para florecer y dar esos frutos que en un futuro poco lejano se convertirán en errores oportunos.
Muchas veces el mejor amigo del hombre es una matrona, pero cuando existe engaño que se disfraza de mentira se convierte en el peor amigo de aquel. Este el que lo escudriño para un maquiavélico fin, un olvido premeditado de una mente retorcida, que busco entre otras cosas tener un perro útil, que ayude a sanar heridas que cual clavos fueron ingresando a una vida desdichada, que sin buscarlo, encontró una noche de otoño tropezando con este servil mamífero, conveniente, ingenuo que movía la cola con una simple sonrisa blanca y fría como la nieve que conoció tiempo atrás intentando ser feliz, esa alma sagas disfrazada de buena.
Ese fiel compañero que fue el paño de lágrimas, que cual arpía mesalina sedujo sacando su mejor conejo de la galera para conseguir sus fines subalternos, que humanamente irreconocible brindo caricias que se convirtieron en mordidas letales de esa serpiente viperina, que llegaron al alma y bajaron lentamente al corazón para dar su toque final, totalmente mortífero.
Así fue el final del cuento, es así como se pierden cosas aparentemente grandiosas que en algún momento pudieron llegar a ser eternas, pero que hoy cual primaveral amanecer perdido en una mirada escondida, se perdió para no volver nunca más, cual marchita y enferma astromelia.

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