Hay momentos en los que solo quieres gritar e intentar
cambiar las cosas que muchas veces se ven imposibles. Hay días que necesitas un
respiro para hablar y más de una sonrisa para actuar, pero aun así te quedas en
nada.
No hay más que decir cuando dices las cosas con sinceridad y
sin mucho balbuceo, no hay nada más que mirar cuando, frente a tus propios
ojos, se derrumba un lazo casi familiar que vinculaba más que una alegría. Otros
días ya no sabes quién tiene la razón, si tu querer ayudar a los demás o la
negativa e irresponsabilidad de las otras personas.
Cuando uno quiere hacer las cosas las haces, cuando quieres
llegar a la meta haces todo por lograr tu cometido. Puede que el camino sea
totalmente complicado, que las mentiras y los reproches te ganen una y otra
vez, pero ¿Quién dijo que la vida es fácil?.
La indiferencia y la desconsideración pueden llegar a romper
cadenas que fueron armadas entre risas y amistad que se creía de hermanos. La
mentira y la arrogancia rompen con cualquier ánimo de cambio y energía por
llegar a lo correcto. Uno siempre intenta mostrar lo mejor de cada uno, pero si
no te dejas ayudar poco queda por hacer.
No sé si hay mas palabras para describir el sentimiento de decepción
y de las muchas ideas que puedes tener de una cosa y al día siguiente
simplemente son otra de una calidad inferior a la que tenías en mente. Sé que
suena duro hablar de una persona como si fuera una cosa, inservible, en pocas
palabras inútil, pero que mas puedes decir si lo peor está por venir y te crees
héroe de batallas perdidas pero solo eres un raro más que camina por ahí viendo
las cosas de una mejor manera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario